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El mercado laboral está difícil y mis gustos también (El Olanchano, El Ibuprofeno y Yaya)

Hace poco terminé una situationship y, como cualquier persona emocionalmente estable, decidí hacer lo que cualquiera haría: escribir un ensayo sobre cada hombre que ha pasado por mi vida. Al final, la psicóloga cobra como mil pesos la hora y Blogger es gratis, así que la decisión estaba bastante clara.


Hoy le toca al olanchano, también conocido como el único hombre de esta saga que estuvo peligrosamente cerca de salir absuelto. Y digo peligrosamente porque después el maje tuvo un desarrollo de personaje tan raro que, si alguien me lo hubiera contado en 2023, habría pensado que estaban escribiendo un fanfic cagado de wattpad. Pero no nos adelantemos.


A él lo conocí porque íbamos en la misma aula; eramos amigos, jugábamos Genshin y Minecraft, y compartíamos recreos. El detalle es que, como cualquier grupo de adolescentes con demasiado acceso a internet, vivíamos diciendo estupideces... bueno, Raccoon y yo, porque el olanchano no entendía ni mierda. Cada vez que hacíamos un chiste había que detener la conversación para explicárselo; era como poner subtítulos para señores en Facebook.


— ¿Entendiste? — No. — Maje...


Y ahí empezaba una conferencia de por qué wanamichiindasummer tumajardi era comedia.


Lo más chistoso es que, cuando todavía ni me gustaba, ocurrió un evento completamente equis que años después recordé. Hicieron un amigo secreto y le preguntaron al olanchano si la persona que le había tocado era hombre o mujer, a lo que el maje respondió con un tono de: "Uhhh... pues... no sé".


Mi cerebro inmediatamente hizo una conexión neuronal completamente innecesaria y pensó: "SOY YO". ¿La razón? En esa época yo andaba en mi arco revolucionario de "los géneros son una construcción social, carajo". Y efectivamente, sí era yo. Sherlock Holmes resolviendo un asesinato con veinte pistas y yo identificando un amigo secreto por una pausa dramática, cada quien con sus talentos. lmao


No recuerdo exactamente cuándo me empezó a gustar; simplemente un día mi cerebro dijo: ¿y si ahora hacemos de este muchacho tranquilo una obsesión completamente desproporcionada?

y yo le dije va, porque claramente tomar decisiones inteligentes nunca fue mi fuerte.


Como toda adolescente cobarde, decidí confesarme por chat. Escribí el mensaje, me arrepentí, lo borré y pensé que el universo me había dado otra oportunidad... hasta que llegó la notificación con un: "Tengo wasap plus 😈"

Qué frase tan hija de puta. No por mala, sino porque años después sigo acordándome. Hay personas que recuerdan dónde estaban cuando ocurrieron eventos históricos, y yo recuerdo exactamente dónde estaba cuando descubrí que el olanchano usaba WhatsApp Plus.


Y aquí quiero darle crédito al olanchano, porque el maje fue bastante decente: nunca se burló de mí, nunca me expuso ni convirtió mi confesión en el chisme del salón; simplemente me rechazó como el universo manda.


Lo peor no fue el rechazo. Lo peor fueron MIS AMIGOS.


Porque yo ya había aceptado el "no", pero Tyler y Raccoon parecían asesores comerciales insistiéndome con cosas como: "Preguntale otra vez", "Convencelo", o "Decile que vos lo ayudarías con los estudios".

Maje... ¿qué querían? ¿Que le llevara una propuesta en PDF? ¿Un análisis FODA de nuestra futura relación?


Gracias a Dios Ángelo apareció a decir lo único coherente de toda esa conversación: "Se va a ver hostigante". ¡EXACTO! Después recomendó robarle la mortadela de la refri, pero durante un momento fue un hombre sabio.


Al final el olanchano terminó saliendo con una amiga y sí, una vez se besaron enfrente del aula. En ese momento sentí que el mundo me estaba diciendo personalmente "jodete". Hoy me da risa, pero en ese entonces quería evaporarme. Lo bueno es que nunca me metí en la relación, nunca hablé mal de ellos ni hice drama; simplemente seguí existiendo.


Y creo que, viendo cómo terminó esa historia, fue la mejor decisión. Años después el olanchano terminó con mi amiga porque quería "experimentar", y eventualmente evolucionó a una especie de... ¿cómo decirlo? FuckbOINGFGGGG


Entre el olanchano y los futuros desastres amorosos hubo un personaje que, sinceramente, olvidé que existía hasta que empecé a revisar mis notas: Óscar, también conocido como "el rebote con mejores estadísticas de lo esperado".


Después del rechazo del olanchano hubo un concierto en el Chochi Sosa relacionado con una campaña sobre el cáncer. 

No recuerdo casi nada del concierto, pero sí me acuerdo de que vi a un maje y pensé: "Maje... está medio pendejo"

Y, desgraciadamente para mi historial romántico, ese era exactamente mi tipo. 

Nunca he entendido por qué mi cerebro relaciona una cara de maje que probablemente pierde el bus por quedarse viendo un perro con el atractivo físico, pero bueno, así funciona esta fábrica de malas decisiones.


Sin pensarlo demasiado fui y le pedí el Instagram, sin música de Mitski de fondo ni nada, simplemente un: "Pasame tu IG". La confianza nunca fue mi problema; mi problema siempre fue en quién tenía confianza.


Hablamos varios días, jugábamos Parchís y nos reíamos bastante; la verdad me divertía hablar con él. No voy a exagerar diciendo que era el amor de mi vida, simplemente la pasaba bien y, siendo completamente honesta, me ayudó a dejar de pensar en el olanchano. Así que gracias por tus servicios, Óscar, lástima que tu contrato era temporal.


Mi momento favorito de toda esta historia ocurrió mientras jugábamos y los amigos del maje empezaron con el típico bullying de amigos de "ya es tu novia". Y yo me quedé leyendo eso como: ¿¿¿¿¿¿¿¿¿???


Perdón, ¿había firmado algún documento? ¿Dónde estaba el acta? ¿Quién autorizó esta relación? Yo apenas estaba conociendo al cipote y sus amigos ya estaban organizando el baby shower 😭😭😭


Y entonces... el maje desapareció. Ghosteada. Fin. Simplemente un día dejó de responder.


La verdad ni siquiera le guardo rencor porque fue un ghosteo bien equis; no me dejó traumada, no me hizo escribir una tesis ni desarrollé una dependencia emocional. Solo pensé "ah... bueno" y seguí con mi vida. 

Lo único que hizo fue aparecer justo cuando necesitaba dejar de pensar en el olanchano, así que, viéndolo con perspectiva, el maje cumplió su misión. Fue el equivalente emocional a tomar un ibuprofeno: quitó el dolor un rato, después dejó de hacer efecto y ya.


Después de Óscar llegó Yaya, y realmente llegó porque Tyler decidió hacer de cupido sin licencia, una actividad bastante peligrosa si tenemos en cuenta que Tyler no es que tuviera un historial de decisiones sentimentales cuestionables... es que directamente parecía no tener manual de instrucciones.


La verdad es que yo siempre he tenido facilidad para conocer gente. No sé qué configuración rara tiene mi personalidad, pero aparentemente soy como un imán para atraer personas. El problema es que atraer gente nunca fue la dificultad; la dificultad era encontrar gente que realmente valiera la pena. 

Porque sí, los culos sobran, pero los culos interesantes son los que escasean.


Tyler me presentó a Yaya y empezamos a hablar normal, nada demasiado dramático ni de haber sentido una conexión cósmica desde el primer mensaje; simplemente era una persona con la que me entretenía hablar, lo cual ya era bastante. Cuando nos vimos por primera vez nos reíamos muchísimo y la pasamos bien. Hasta tomé fotos que después borré, porque aparentemente mi cerebro tiene la costumbre de destruir evidencia histórica como si estuviera protegiendo secretos de Estado.


No sé por qué las borré, probablemente porque soy de las que ve la galería del teléfono, piensa ¿realmente necesito 37 imágenes de una época que ya pasó? y procede a borrar todo.


Pero mi momento favorito de esta historia fue gracias a Tyler, que un día me llamó completamente alterado para decirme: "No le aceptés solicitud a NADIE"

Yo quedé en plan de interrogación, y resulta que Yaya le había mandado un audio en completo estado de emergencia diciendo que me había presumido con sus amigos y que uno de ellos aparentemente iba con otras intenciones. Tyler estaba en modo seguridad nacional, parecía que me estaban protegiendo de un ataque cibernético y no de un maje random queriendo seguirme en Instagram, mientras yo solo estaba en modo lul.


La verdad no le di tanta importancia a Yaya en ese momento, no porque fuera mala onda, sino porque pensé "bueno, qué curioso" y seguí con mi vida (menos mal). Porque después descubrimos que Yaya estaba en otro asunto completamente diferente: la maje estaba hablando con un amigo mío exactamente en el mismo plan, solo que lo de ellos era muchísimo más intenso, a nivel de "ya somos casi pareja" cuando apenas estaban en la fase de "hola, ¿cómo estás?". Se decían amor y se mandaban textales.


Era una cosa increíblemente dramática para dos personas que técnicamente todavía estaban descubriendo si les gustaba la personalidad del otro. Mi amigo y yo simplemente vimos el espectáculo desde primera fila, era como tener entradas VIP para una novela que nadie había pedido. Al final ambos decidimos sacar a Yaya de nuestras vidas y seguir con la nuestra, JAJA. Paz. Tranquilidad.


Aunque tengo que admitir algo: Yaya sí tenía un lado bastante tierno porque decía que me quería para algo más y hasta me hizo dibujos míos que, sinceramente, todavía me dan un poco de ternura. Entre todo el caos, la maje se tomó el tiempo de dibujarme y todavía los tengo. Creo que esa es la parte rara de las personas; a veces alguien puede ser un desastre sentimental ambulante y aun así tener momentos genuinamente bonitos.


La humanidad es una cosa extraña: un día alguien te manda un dibujo hecho con cariño y al otro día está protagonizando una novela romántica paralela con tu amigo, no hay punto medio.


Viéndolo desde el 2026, me da risa pensar que en ese momento sentía que cada interacción era un evento canónico. Maje, tenía 15 o 16 años, mi mayor problema era interpretar correctamente un "jaja" de WhatsApp. Supongo que esa es la parte más rara de crecer.


No es que de repente entiendas todo ni que te despertés un día convertida en una persona emocionalmente estable con todas las respuestas; solo empezás a mirar tus versiones anteriores y a pensar: "Maje... ¿qué estaba haciendo?", pero también: "Entiendo por qué lo hice". Porque esa persona también era yo, solo que tenía menos experiencia, más hormonas y demasiado acceso a internet.



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