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El capitalismo me quitó dinero pero los hombres me quitaron paz

 

Siguiendo con la entrada anterior, "El mercado laboral está difícil y mis gustos también", vamos a seguir con mi vida amorosa, JAJA. Lo peor es que todavía sigo en 2023; ni siquiera voy por la mitad y esta shit fácilmente da para unas cinco entradas más. 

Aparentemente ese año decidí vivir tres temporadas de una serie romántica mediocre sin que nadie me avisara. Lo bueno es que, visto desde 2026, al menos todo ese desastre tuvo utilidad: cada interacción me fue enseñando algo; algunas me enseñaron qué me gusta, y otras qué no volvería a tolerar ni aunque me pagaran.


Así que sí, bienvenidos al archivo histórico de mis malas decisiones. Tbh, pensé que escribir esto iba a ser rápido, pero resulta que mi vida sentimental de 2023 tiene más contenido que varias carreras universitarias.


Vamos a empezar esta entrada con Javier.


A él lo conocí porque Tyler lo conocía. Que, Dios mío, mientras escribo esto me estoy dando cuenta de que Tyler tenía un talento especial para rodearse de personas que necesitaban terapia con urgencia, no sé cómo lo hacía, JAJA. Todo empezó porque le respondí una nota y terminamos hablando. Fun fact: no es la primera vez que responder una nota o una historia de Instagram termina convirtiéndose en un evento canónico en mi vida, ya debería aprender.


Javier venía de una situación familiar bastante complicada; sus papás prácticamente no estaban presentes y gran parte de su vida giraba alrededor de problemas con su abuela, así que muchas veces se desahogaba conmigo. Y ojo, no digo esto para minimizar lo que él vivía, al contrario, era una situación difícil y entiendo perfectamente por qué necesitaba hablar con alguien. 
El problema era que... yo tenía 16 años y él tenía 18. Yo apenas estaba aprendiendo a manejar mis propios problemas y ya estaba intentando ayudar a alguien con los suyos.


Con el tiempo empecé a notar algo que incluso Tyler me comentó: Javier iba pasando de novia a novia con bastante facilidad. Por eso nunca me planteé seriamente una relación con él, pero tampoco sabía exactamente qué éramos. ¿Amigos? ¿Situationship? ¿Grupo de apoyo emocional? Honestamente, ni idea. 
Poco a poco empecé a darme cuenta de que nuestra relación consistía, casi exclusivamente, en recibir sus problemas. Él llegaba, se desahogaba, yo escuchaba, trataba de ayudar y luego me quedaba procesando todo eso sola. No era culpa suya por necesitar apoyo, pero tampoco era mi responsabilidad cargar con todo.


Y aquí es donde me toca admitir la parte donde yo hice las cosas mal. Empecé a sentir un rechazo muy fuerte hacia él. Perdón por la palabra, pero la única forma en la que puedo describirlo es esa: me incomodaba que me tocara, me incomodaba imaginar besarlo y, cada vez que pensaba en una relación con él, mi cuerpo entero decía "No". 
En lugar de hablarlo como una persona emocionalmente responsable... hice lo que hacía la Pelusa de 16 años: desaparecí. Lo ghosteé.


Con el tiempo volvimos a hablar e incluso me disculpé por haberlo ghosteado, porque sinceramente creo que se merecía esa disculpa. Pero, hasta el día de hoy, de vez en cuando aparece diciendo cosas como:
— "Lo nuestro nunca murió."
— "Sos mía."

... Javier, no hubo un "nuestro".



Lo mejor de todo es que Javier me regaló varias cosas, entre ellas unos suéteres bien Y2K y un collar de Pandora bastante bonito, la verdad. Solo había un pequeño detalle que me confesó después: originalmente el collar era para otra muchacha. Me encanta descubrir que fui el plan B después de aceptar el regalo. Gracias por mantenerme informada, CTMMM



Ahora vamos con Emir.

Creo que ella tenía 14 años. La conocí porque era amiga de la novia de Tyler, porque sí, Tyler era tremendo asaltacunas. No voy a profundizar en eso, solo diré que varias de sus decisiones hoy me hacen levantar una ceja. Yo tenía 16 y, para ese punto, con mi extenso currículum de casi algos, más o menos ya entendía cómo funcionaban estas cosas.


Empezamos a hablar y la verdad me caía muy bien, era divertido conversar con ella, hasta que se terminó confesando por WhatsApp. Me dijo que le parecía muy bonita y... la verdad no recuerdo exactamente qué más decía el mensaje, pero sí recuerdo la sensación que me dejó. Se notaba que era uno de esos enamoramientos que aparecen con mucha intensidad y desaparecen igual de rápido. Y no lo digo de forma despectiva, todos hemos tenido alguno. Además, yo ya había tenido novia antes, así que más o menos sabía diferenciar cuando alguien estaba construyendo un vínculo de cuando simplemente estaba descubriendo lo que era que alguien le gustara. Y, siendo sincera, creo que eso también es parte de crecer: entre más joven uno empiece a conocerse, mejor.


Aun así, me divertía hablar con ella. Me regaló unas rosas, dulces, y yo también tenía detalles con ella; fue una etapa bastante bonita, la verdad. Hasta que, unas dos semanas después, me escribió otra vez... esta vez para decirme que se había enamorado de otro muchacho.


Y yo... honestamente, ya me lo esperaba. Le dije algo como:
— "Está bueno."


Y ella inmediatamente me preguntó si de verdad estaba bien. Más de mil puntos por preocuparse, la verdad, pero sí, le dije que hiciera su vida, que todavía estábamos bien jóvenes. Y así terminó nuestra historia, xd


Y finalmente, vamos con Gigi.


Plot twist: hoy es una de mis buenas amigas y terminó saliendo con mi mejor amigo del colegio, la vida hace weas raras, lul.


La conocí en mi primer día de clases. Era pandemia, así que todo era virtual. Me presenté en Zoom, terminé en un grupo de WhatsApp del salón y, por alguna razón, les caí bien a todos (la verdad era de esperarse). En ese grupo había una muchacha que de repente mandó una captura de mi cara en pleno Zoom con el texto: "¿Quién es esta bebitaaa?". Esa muchacha era Gigi,

 LMAOOOOOOOOOOOOOOOO.


Gigi es bisexual y yo soy pansexual. Ninguna de las dos se callaba el hocico con su orientación, aunque siendo completamente honestos, yo era muchísimo más abierta con el tema. Empezamos a hablar, nos caímos súper bien y, como pasa en muchísimas amistades entre mujeres, había bastante joteo. 

Nos agarrábamos de la mano, nos decíamos cosas y el colegio ya había decidido que éramos pareja. Bueno, el colegio y aparentemente medio Francisco Morazán. Hubo un maje que incluso empezó a decir que ya habíamos cogido... Maje, apenas nos estábamos agarrando de la mano. Eso fue cuando teníamos como 16 años.


Pero a los 17 la gente decidió ponerse todavía más creativa. Un día Gigi compartió una publicación de un helado con la frase: ¿Puedo ser tu novio? y puso: "¿Para cuándo, Pelusa?". Holy shit, bro.


Como si eso no fuera suficiente, existía una página de Instagram dedicada a quemar gente del colegio, y nos quemaron dos veces: la primera diciendo que éramos pareja, y la segunda diciendo que Gigi estaba perdidamente enamorada de mí y que yo ni siquiera le hacía caso. Me encantaba enterarme de mi vida sentimental por terceros.


Al final sí nos terminamos besando, y creo que eso le explotó la cabeza a más de una persona. Recuerdo que un maje llegó un día y me preguntó:

— "¿Es cierto?"
Y yo:
— "Simón."


Tiempo después Gigi habló conmigo y me preguntó si algún día podríamos formalizar lo nuestro. Y ahí fue donde me entró el miedo, no porque ella me cayera mal, sino porque ya tenía decidido irse a vivir a España, y yo sabía perfectamente que no quería una relación a distancia. Así que le dije que no; no aspiraba a una relación virtual.


Ahí terminó todo. Sin peleas, sin bloquear a nadie (lo digo por mí ok, soy adicta a ese botón COÑOOOOOOOOO) y sin indirectas en Instagram; simplemente entendimos que no iba a funcionar. Lo más curioso es que nunca dejamos de ser amigas, seguíamos joteando de vez en cuando y la vida siguió.


Tiempo después mi mejor amigo del colegio se enamoró de Gigi y ella también de él; empezaron una relación y, contra todo pronóstico, ellos sí lograron hacer funcionar la distancia. Ya llevan dos años juntos, mi pana incluso quiere irse a España y me alegra mucho por los dos.

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